Aunque ya se va extinguiendo esta raza, Mercedes Garrosa es, como Lola Flores o Agustina de Aragón, una de esas españolas de rompe y rasga, de seda y hierro, que diría el compositor Antonio Vega. De las que casi nunca pierden cuando salen al ring. El día en que la conocí me pareció un tornado, un tsunami de energía positiva que lo mismo atiende cinco llamadas con clientes, abogados, o el ‘sin manos’ en el coche a las nueve de la noche, que te habla de la blusita que se ha comprado de Michael Kors; de los kilos que va a adelgazar esta primavera o de aquel bolero de Los Panchos. A Mercedes, la vida le hace mucha ilusión, a veces una ilusión infantil y romántica que me parece muy ingenua.

pelucas pelo natural

Pero lo que más me impacta es el subidón que da a las clientas que suelen aterrizar por su centro con una sombra de inquietud o incertidumbre en la cara. Vulnerables, como dice ella. Entre el buen humor perenne, la marcha, un chiste, y lo niquelada que les deja la peluca diseñada con mimo, se van con otro aire y gesto, como si vieran el futuro menos ahumado y más rosa. He comprobado que los profesionales que se codean cada día con la fragilidad de un ser humano, como Mercedes, mi hermano geriatra o los forenses, valoran y saborean más la vida, aunque ni se den cuenta de ello. Dicen mis amigos que hablo sin parar, pero eso sí, Mercedes me supera. Me cae bien esta mujer moderna y antigua a la que tanto le gusta comer fuera de casa.

                                                                  EVA REUSS